"En el nuevo dispositivo, cada microcámara capta información de un área del campo de visión y un procesador la une en una sola imagen", explica David Brady, coautor de la investigación. La cámara ocupa 75 centímetros cuadrados, y solo un 3% de su contenido corresponde a elementos ópticos. El resto son componentes electrónicos e informáticos necesarios para ensamblar la información capturada.
Los investigadores creen que en un plazo de cinco años los componentes del dispositivo serán lo suficientemente pequeños para poder comercializarse y dar lugar a una nueva generación de cámaras con gigapíxeles al alcance del público general. "La óptica no es el problema: ya tenemos las mejores lentes, lo que necesitamos son elementos electrónicos y procesadores más pequeños y eficaces que los fotógrafos puedan llevar a cuestas", puntualiza Brady, que ha dado a conocer su trabajo en la revista Nature.
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